Relatos cortos.

Septiembre24

Las pesadillas no me dejaban dormir. Me despertaba por las noches sobresaltado y empapado en sudor con la misma obsesión que me torturaba durante los últimos años. Tenía miedo a la muerte, a todo lo que significaba, a la perdida de la preciosa juventud, a la incapacidad que trae consigo la vejez… Todo eso me aterrorizaba carcomiéndome por dentro, era como si poco a poco me devorara el alma.
Un día abrí los ojos y comprendí que tenía que hacer algo para evitar el aciago destino que vislumbraba tan próximo así que salí de casa y me adentré en el bosque. Caminé al borde de un río bastante caudaloso durante varias horas mientras maquinaba y trataba de buscar una respuesta a mis inquitudes, a mi insaciable zozobra. Entonces me encontré con un hombre que portaba una caña y una cesta de mimbre. Por sus arrugas, su pelo blanco y su mirada cansada rozaría las siete décadas. Era anciano, justo lo que yo no quería llegar a ser.
-¡Joven!- Exclamó el hombre. -¿Has visto lo maravillosa que es la naturaleza?
-Yo no lo veo así, todo lo que nos rodea es caduco… Los árboles mueren, las plantas mujeren, las flores se marchitan y mueren, los animales mueren, incluso las personas morimos. ¿Qué hay de sublime en eso?- Le dije agitando la cabeza.
-Llevo tiempo viniendo por estos lares y cada día descubro algo nuevo que me llena de emoción. Mira-. Dijo al tiempo que señalaba con su mano hacia un cerro próximo poblado de árboles. –En esa floresta, una joven gansa ha visto hace pocos días como han nacido sus dos crías y cada vez que paso junto a ella me mira. Al principio lo hacía con desconfianza pero ya me conoce y sabe que no haré daño a sus polluelos. Y mira, mira ese sauce. Un pequeño gorrión pasa las tardes en sus ramas observando el río mientras la brisa acaricia sus plumas. Y eso no es todo, pues en ese descampado de ahí un corzo se para a pastar justo antes del crepúsculo. Creo sinceramente que sentir la naturaleza y sus criaturas es la mejor forma de hablar con Dios.
-Pero todo lo que ves y sientes es perecedero. Dentro de algún tiempo ni siquiera podrás venir aquí a disfrutar de la naturaleza pues la vejez te lo impedirá. Lo que yo busco es la vida eterna para poner remedio a eso. ¿Acaso no es lo que desea todo el mundo?
-Sigue la vereda, un poco más adelante verás varias rocas ancladas a la tierra. Fíjate bien el ellas porque en su superficie hay numerosos símbolos grabados. Quizás su significado te ayude a encontrar lo que buscas-. Me dijo el anciano encongiéndose de hombros.
Y le hice caso, avancé por el sendero que discurría entre varios remansos del río y ascendí una pequeña ladera poblada de pinos jóvenes en la cual yacían enterradas las rocas que había mencionado el hombre. Seguidamente me arrodillé delante de una de ellas recorriendo su superficio con la mirada en busca de cualquier símbolo o marca. Entonces encontré lo que buscaba pero no se trataba de símbolos extraños sino de simples palabras grabadas por personas que habían vivido en otro tiempo. Y lo comprendí todo.
La vida eterna, la inmortalidad, se alcanza, no evitando la muerte física de nuestro cuerpo, sino dejando un legado digno de recordar. Por eso, amigos, jamás dejéis de escribir pues cuando llegue el final de vuestros días seréis recordados por vuestras obras. La palabra es, en definitiva, la mejor arma que tenemos para vencer al tiempo y al olvido.

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ADELANTOS Y PARADIGMAS DE UN NUEVO LIBRO.

Septiembre23

Un poder ancestral inimaginable que amenaza con descargar hielo y acero sobre la tierra,  dos héroes que tratarán de hacer lo correcto por encima de todo. La muerte de uno de ellos llevará al otro al borde la locura más aterradora poniendo en pelibro, no sólo su propia vida sino también su alma y la de todos aquellos que sobreviven amparados por la frágil paz de un imperio convulsionado al borde del cataclismo.

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